martes, 21 de enero de 2020

117º ASALTO: A PROPÓSITO DE CLINT EASTWOOD Y LA MACARENA




De Richard Jewell, la última de Clint Eastwood, lo que más me ha sorprendido ha sido encontrarme con La Macarena en la banda sonora. La película está ambientada en las Olimpiadas de Atlanta, en 1996, cuando la canción ya era todo un hit. Recuerdo que en mayo de ese año yo me encontraba en un autobús que iba de Londres a Dublín. Viajaba solo y el trayecto debía de durar entre 12 y 15 horas, porque salí de Londres antes de que hubiese anochecido y llegué a Dublín bien entrada la mañana. La mayor parte del viaje transcurrió en un silencio demasiado británico, pero nada más alcanzar Irlanda el conductor encendió la radio. ¿Sabéis cuál fue la primera canción que sonó? La Macarena. Llevaba tanto tiempo sin oír una palabra en castellano que, casi 25 años después, cada vez que escucho la canción de Los del Río me sigue viniendo la anécdota a la cabeza. Y es que, de vez en cuando, la Macarena revive y, como una zombi, me persigue allí donde vaya. Hace poquito también salió de su tumba en Hotel Transilvania. Sí, la Macarena es así. Tiene más vidas que un gato. Ya no es esa jovencita mona y alegre, que hacía levantarse a todo el mundo de sus asientos y mover piernas y brazos al ritmo del Heeeeey, Macarena. Está mayor, le han salido arrugas y ha engordado. ¿Y qué? Los demás también. Porque aunque nos siga pareciendo un poquito, o un muchito, insoportable, la tía siempre saca fuerzas de quién sabe dónde y, ya sea en la convención del partido democrático, en la boda de tu prima o en el cumpleaños de un amigo de tu hija, acaba sacándote a bailar. Aunque no te guste la canción. Ella es así. Nada sofisticada. Feliz. Extrovertida. Y yo me alegro, porque el tal Vitorino siempre me cayó fatal.


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