viernes, 20 de septiembre de 2019

GRAN FINAL DEL CONCURSO DE MICRORRELATOS "LAS TOALLAS SON APRA EL VERANO"

GRAN FINAL I Concurso de Microrrelatos “Las Toallas son para el Verano” 
Hoy en Los combates de la toalla, gran velada microrrelatista con los Relatos seleccionados por el jurado del I Concurso “Las Toallas son para el Verano”. 

Os presentamos los dos textos que han llegado a la gran final: “Over the rainbow” y “Náufrago”. 

OVER THE RAINBOW
Sale del refugio en cuanto las portezuelas dejan de batir. La granja se ha convertido en un esperpento: lo primero que ve es un colgajo de valla publicitaria que exhibe una sonrisa perfecta sobre una mecedora mutilada. Curiosamente, el álamo está intacto, y el cadáver de su tío cuelga desmadejado de una de sus ramas; lo mira y está a punto de pisar una gallina casi bidimensional, que yace con las alas abiertas, como si el tornado le hubiese devuelto su esencia perdida de ave.
La casa es un amasijo de esquirlas y astillas. Picotea entre los escombros de lo que fue su habitación y consigue rescatar la mochila del gimnasio: una toalla, una sudadera, las zapatillas, que se calza.
Se la echa al hombro, cuidándose mucho de meter nada en ella. Ni las noches de verano con su tío en la soledad despiadada del porche. Ni el asco. Ni el miedo. Ni siquiera la voluntad inquebrantable de correr más que él cuando golpease el próximo tornado.
Las zapatillas rojas se adentran en el camino, amarillo por las bolsas de plaguicida destripadas contra la tierra. En el horizonte, el arco iris enmarca, como un neón multicolor, la puerta de salida.


NÁUFRAGO
Poco a poco le va cogiendo el gusto a vivir en la isla. Ya ni siquiera intenta recordar de qué barco es náufrago. Tampoco le atormentan ya las voces que cree escuchar en su cabeza. Las ha adoptado como compañeras que le amenizan la vida solitaria que le ha tocado vivir.
Cada tanto, la playa le ofrece pequeños objetos que van haciendo su vida más fácil. Por ejemplo, desde que llegaron un par de toallas que en invierno le dan abrigo y, en verano, sombra, siente que esa pequeña porción de playa debe de parecerse mucho a un hogar. Con eso y algunos alimentos que, día tras día, van apareciendo sobre la arena, tiene suficiente para seguir viviendo. No necesita nada más. Entonces, clava su mirada en el horizonte y se da cuenta de que casi no recuerda su vida anterior. Las personas que antes formaban parte de su ecosistema se han vuelto sombras tan lejanas que ya no pueden atormentarle, ya no las ve. Ya no ve a nadie. Ni siquiera a los cientos de veraneantes que, cada día, desde el paseo marítimo de la ciudad, estiran su brazo para sacarse una foto con él.
Podéis votar por vuestro favorito aquí. El lunes anunciaremos los autores.

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