¡BIENVENIDOS A ESTE RING!

Tomen asiento, señoras y señores. ¡Bienvenidos a este ring! Griten, animen, protesten, expresen, alienten, inciten, espoleen, vociferen, pinchen, empujen, abucheen, aclamen, comenten, reivindiquen, pateleen, piten, abronquen, reprochen, aplaudan... ¡Esto es pasión por la literatura!

viernes, 23 de noviembre de 2018

EL COMBATE DE LOS VIERNES: DON JUAN RAMÓN JIMÉNEZ VS. DON RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA

Hay quien piensa que esto del microrrelato es una moda y un invento de las redes sociales. Hoy, en los Combates de la Toalla, dos pioneros del género, dos maestros, dos autores de cuando el microrrelato ni siquiera se llamaba microrrelato.
A mi izquierda, desde Moguer, el poeta del mar, el hombre que inventó a Platero, el premio Nobel de literatura… ¡don Juan Ramón Jiménez con “La caja torcida”!
A mi derecha, llegado desde las vanguardias, el señor de las gregerías, el inventor del tweet, el gran… ¡don Ramón Gómez de la Serna con su Carnaval!
Ya saben: comenten, compartan sus opiniones, apuesten por su favorito y, sobre todo, disfruten del combate.


LA CAJA TORCIDA, DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
Tenía la manía bella de lo derecho, lo recto, lo cuadrado. Se pasaba el día poniendo bien, en exacta correspondencia de líneas, cuadros, muebles, alfombras, puertas, biombos.
Su día era un sufrimiento terrible y una espantosa pérdida de tiempo. Iba detrás de familiares y criados, ordenando lo desordenado. Comprendía bien el cuento del que se sacó una muela sana de la derecha porque tuvo que sacarse una dañada de la izquierda.
Cuando se estaba muriendo, suplicaba a todos que le pusieran exacta la cama en relación con la cómoda, el armario, los cuadros.
Y cuando murió, el enterrador le dejó la caja torcida en la tumba para siempre.

INVENCIÓN DEL CARNAVAL, DE RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA
En aquel primer Carnaval del mundo, cuando aún no existían más seres humanos que los que componían la primera pareja, Adán sintió ganas de disfrazarse para dar broma a Eva, y tomando un pámpano, le abrió los dos agujeros de los ojos y lo convirtió en careta. Después envolvió su cuerpo en grandes hojas de tabaco y de esa guisa se dirigió a Eva.
Eva, un poco sorprendida ante aquella voz de falsete que le preguntaba con insistencia: “¿Quién soy?, ¿quién soy?”, respondió:
–¡Pedro!


En la página de facebook de La toalla del Boxeador se puede votar y ver los resultados.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

GANCHO DE IZQUIERDAS: LOS IMPUESTOS (GANADOR SEMANAL EN CUENTA 140)


Este gancho de izquierdas ha sido elegido ganador semanal del Concurso Cuenta 140 de El Cultural, sobre “los impuestos. 

Pese a que el empresario contaba con los mejores asesores fiscales, todas las declaraciones de amor le acababan saliendo a pagar.


Se pueden leer los relatos seleccionados y participar en el concurso semanal en la web de EL CULTURAL

lunes, 12 de noviembre de 2018

106º ASALTO: ESTADÍSTICAS


ESTADÍSTICAS
A partir de 1977 los meteorólogos estadounidenses comenzaron a denominar a los huracanes con nombres masculinos, en lugar de utilizar únicamente términos femeninos como se venía haciendo hasta entonces. Tras más de tres décadas de estudios y análisis, el departamento de Estadística ha podido comprobar que los efectos producidos por Amanda, Bárbara o Carmen no son ni más ni menos devastadores que los generados por Douglas, Eddy o Félix. Sin embargo, también hay datos que confirman que Gilda, Hillary o Irene siempre acaban provocando, en el corazón de la población masculina de la Costa Este, una extraña sensación de melancolía que perdura durante varias semanas.
Incluido en Microenciclopedia ilustrada del amor y el desamor, Talentura Libros. Ilustración de Nacho Gallego

lunes, 5 de noviembre de 2018

105º ASALTO: EL MUNDO AL REVÉS



El mundo al revés

Papá intentaba modular la voz, ponerla ronca si hablaba el lobo o aguda cuando respondían los enanitos, pero lo hacía fatal y confundía las historias: lo mismo le probaba el zapato a Blancanieves que envenenaba a Caperucita. A veces se le escapaba una lágrima y tenía que ayudarle a seguir, hasta que poco a poco me hacía la dormida. Con los ojos cerrados le oía salir del cuarto y encender la tele. Al rato, cuando todo parecía en calma, me asomaba a hurtadillas, apagaba la tele, le quitaba los zapatos, le arropaba con una manta y le daba un beso. 

El mundo al revés fue seleccionado en el programa Wonderland, de RADIO 4

viernes, 2 de noviembre de 2018

EL COMBATE DE LOS VIERNES: MANU ESPADA VS. AGUSTÍN MARTINEZ VALDERRAMA

Hoy, en el combates de la toalla, dos de los autores que más seguíamos y más punch tenían durante la época dorada de los blogs, se enfrentan cara a cara con los micros con los que ganaron el concurso de la Ser, Relatos en Cadena, en 2010 y 2011: Manu Espada, y su Rueda de Reconocimiento, contra Agustín Martínez Valderrama, y su Carne Rebozada.

Desde entonces, Manu no se ha bajado del ring y ha publicado Zoom (Paréntesis, 2011, reeditado por Talentura en 2017), Personajes secundarios (Menos cuarto, 2015) y Preticor (Cuadernos del Vigía, 2018). Agustín, en cambio, después de Sentido sin alguno (Talentura, 2013), uno de mejores los libros de microrrelatos que he leído, parece que colgó los guantes y, lamentablemente, le hemos perdido la pista. Disfruten del combate y apuesten por su favorito.
Disfruta del combate.



RUEDA DE RECONOCIMIENTO, DE MANU ESPADA
Entonces reconocí la mirada de la fotografía. Era aquel cerdo del callejón. El policía asintió con la cabeza y le dio el retrato a otro agente. 'Dicta una orden de busca y captura', le dijo. A la semana siguiente, me llamaron para una rueda de reconocimiento. Me pusieron tras un cristal y entraron cinco hombres. “¿Cuál de ellos lo hizo?”, me preguntaron. Dudé un instante, pero después de examinar los ojos de todos lo tuve claro: “El de la camisa azul”. A los otros cuatro los soltaron, pero yo seguí al del jersey rojo hasta su casa. Saqué las tijeras y le dije: “¿Te acuerdas de mí?”.



 

















CARNE REBOZADA, DE AGUSTÍN MARTÍNEZ VALDERRAMA
La cena se enfriaba en la mesa y nuestro vecino seguía igual. Desnudo, subido en una silla y con una soga al cuello. A veces, bajaba y deambulaba cabizbajo por la habitación. De aquí para allá. De allá para aquí. Luego volvía a subirse, se anudaba la cuerda y colocaba los pies en el filo. Así llevaba toda la tarde. Nosotros, desde la ventana, lo observábamos expectantes. Papá decía que sí. Mamá decía que no. Pero el hombre, que si sí, que si no, no se decidía nunca. Al final, corrimos las cortinas y nos sentamos a la mesa. La carne rebozada fría no vale nada.


¿Con cuál se quedan?
 También pueden votar en el Facebook de La toalla del boxeador.