lunes, 17 de febrero de 2020

118ª ASALTO: LA DESCONOCIDA (SELECCIONADO EN LA MICROBIBLIOTECA)


LA DESCONOCIDA
A Marta le gustaba hacerse la desconocida. Aparecía de la nada, como por casualidad, en un bar, en la fila del cine, en una charla sobre medioambiente. Con un nombre y una vida inventados. Con otro peinado. Con otra ropa. Los días anteriores, en casa, estaba ausente, preparando su papel a conciencia, como una actriz profesional. Si iba a interpretar a una enfermera, se aprendía la anatomía humana; si iba a convertirse en pintora, se informaba de todo lo relacionado con el arte. Ensayaba frases, acentos, gestos. A veces, la descubría entre el gentío, pero era ella la que solía acercarse, porque en esos encuentros yo era yo, Pedro, un comercial con una vida anodina, que iba a serle infiel a su mujer. Y es que siempre terminábamos tendidos en la cama de un hostal, acoplados en el asiento de atrás de un coche o yuxtapuestos en los baños de un bar. Hasta hoy, que me la he cruzado en una exposición y hemos ido a tomar un café. Ella me ha contado que se llama Marta y me ha confesado que está harta de las infidelidades de su marido, que lo va a dejar. Yo, con mi mejor acento francés, le he dicho que me llamo Antoine, que soy escritor y que me encantaría conocerla.


"La desconocida" ha sido seleccionado en la convocatoria de enero del concurso anual de la Microbiblioteca en la categoría en castellano, junto con "Nunc aut nunquam", de Elena Bethencourt, "Best seller", de Pedro Herrero, "Ciclos", de Raul Clavero y "La abuela", de Beatriz Díaz Rodríguez. La ganadora  mensual fue Margarita del Brazo, con "En familia".
Podéis leer todos los textos en el blog de la Microbiblioteca.

martes, 21 de enero de 2020

117º ASALTO: A PROPÓSITO DE CLINT EASTWOOD Y LA MACARENA




De Richard Jewell, la última de Clint Eastwood, lo que más me ha sorprendido ha sido encontrarme con La Macarena en la banda sonora. La película está ambientada en las Olimpiadas de Atlanta, en 1996, cuando la canción ya era todo un hit. Recuerdo que en mayo de ese año yo me encontraba en un autobús que iba de Londres a Dublín. Viajaba solo y el trayecto debía de durar entre 12 y 15 horas, porque salí de Londres antes de que hubiese anochecido y llegué a Dublín bien entrada la mañana. La mayor parte del viaje transcurrió en un silencio demasiado británico, pero nada más alcanzar Irlanda el conductor encendió la radio. ¿Sabéis cuál fue la primera canción que sonó? La Macarena. Llevaba tanto tiempo sin oír una palabra en castellano que, casi 25 años después, cada vez que escucho la canción de Los del Río me sigue viniendo la anécdota a la cabeza. Y es que, de vez en cuando, la Macarena revive y, como una zombi, me persigue allí donde vaya. Hace poquito también salió de su tumba en Hotel Transilvania. Sí, la Macarena es así. Tiene más vidas que un gato. Ya no es esa jovencita mona y alegre, que hacía levantarse a todo el mundo de sus asientos y mover piernas y brazos al ritmo del Heeeeey, Macarena. Está mayor, le han salido arrugas y ha engordado. ¿Y qué? Los demás también. Porque aunque nos siga pareciendo un poquito, o un muchito, insoportable, la tía siempre saca fuerzas de quién sabe dónde y, ya sea en la convención del partido democrático, en la boda de tu prima o en el cumpleaños de un amigo de tu hija, acaba sacándote a bailar. Aunque no te guste la canción. Ella es así. Nada sofisticada. Feliz. Extrovertida. Y yo me alegro, porque el tal Vitorino siempre me cayó fatal.


martes, 7 de enero de 2020

TODAS LAS CANCIONES HABLAN DE MADRID



Ya en Madrid. De camino veníamos escuchando mi regalo de Reyes, el CD Tributo a Sabina con 24 canciones del maestro interpretadas por casi 40 músicos diferentes, y mientras sonaba el clásico “Pongamos que hablo de Madrid”, en voz de Lichis y Rubén Pozo (Expereza), me han venido a la cabeza la cantidad de canciones que ha inspirado esta nuestra ciudad, tan amada y tan odiada, tan canalla y tan puritana. Algo tiene que tener para que yo la quiera tanto con lo cabrona que resulta a veces y para que todos le canten, desde Sabina y Miguel Ríos con su Madrid 1983, a Marwan y Xoel López, pasando por Loquillo (Calles de Madrid), Leño (Este Madrid), Mecano, Ariel Rot, Ketama y su Vente pa Madrid, la Gran vía, de Antonio Flores, Los Refrescos y su Aquí no hay playa, hasta aquellos descerebrados que cantaban lo de Todos los paletos fuera de Madrid... 
Yo he hecho mi propia lista de las canciones que más me gustan de Madrid. Si te apetece puedes añadir las tuyas.

1. “PONGAMOS QUE HABLO DE MADRID”, JOAQUÍN SABINA
En lo más alto, Joaquín Sábina. Su “Pongamos que hablo de Madrid”, sigue siendo, más de 40 años después, el auténtico himno de la ciudad. “Las niñas ya no quieren ser princesas y a los niños les da por descubrir el mar en un vaso de ginebra…” está más vigente que nunca.

2. “PUEDE SER QUE LA CONOZCAS”, MARWAN CON JORGE DREXLER 
En el número 2, una más reciente, “Puede ser que la conozcas”, de un palestino, Marwan, que la canta mano a mano con un uruguayo, Jorge Drexler, y es que por mucho que se empeñen algunos Madrid no sabe de nacionalidades. Voces de cantautores y almas de poetas para definir esta ciudad.

3. "MADRID", de PEREZA
En el número 3, algo más movidito, “Madrid”, de Pereza. “Noches de Siroco, terracita Antón Martín, y ese Bar de Tirso que te gusta tanto a ti…, eres mi rincón favorito de Madrid”. Una canción para los momentos felices que solo transmite buen rollo. Y es que Madrid cuando estás enamorado es otra ciudad mucho más agradable. ¡Que levanten la mano todos los que se han quedado en Madrid por amor!


4. "MADRID, XOEL LÓPEZ
Madrid, de Xoel López. A Xoel López lo he descubierto hace poco y cada vez me gusta más. Esta canción define perfectamente los sentimientos de muchos de los que llegamos a la ciudad “Tal vez fue por tu lluvia ausente, quizás tu noche encendida, pero crucé el puente de los franceses, y ya jamás regresaría. Madrid de todas las suertes.” Tiene otra El cielo de Madrid, de cuando formaba parte de DeLuxe”, que podría ser la cara B.   


5. "CALLES DE MADRID", QUIQUE GONZÁLEZ CON REBECA JIMENÉZ
En el Numero 5 “Calles de Madrid”, de Quique González, uno de los músicos que descubrí cuando llegué, cantada con Rebeca Jiménez, cuando todavía eran pareja. “Calles de Madrid, hasta tu barrio. Últimas partidas en el futbolín. Coche para ir, al extrarradio cantando alguna de Joaquín”. Luego lo dejaron y él se marchó a Cantabria. Y es que esas calles pesan mucho. De vez en cuando vuelve y no puede evitar  jugar al futbolín. Esto ya se parece más a un comentario de First Dates.


Y UN BONUS TRACK: VENTE PA' MADRID, DE KETAMA. 
Otra canción que ya es todo un himno. Y que no puede faltar en ninguna fiesta de despedida. Flamenquito rock para decir Adios.



martes, 26 de noviembre de 2019

PRESENTACIÓN LOS DEFECTOS DE LA ANESTESIA

Por fin, salimos de cuentos. 


Queridos amigos y amigas:

El próximo 29 de noviembre, a las 7 de la tarde, daremos a luz a "Los defectos de la anestesia", de Enkuadres Ediciones Enkuadres. 
Aviso que durante la misma se pueden producir alteraciones del ritmo cardiaco y la respiración, cambios bruscos de humor, lágrimas, risas e incluso náuseas o vómitos.
Ejercerá de matrona la escritora y amiga Almu Ballester. 
Será en la Escuela de Escritores (Covarrubias, 1, planta baja, metro Alonso Martínez).
Después habrá tiempo para charlar, tomar un vino y estirar la noche todos lo que queramos.
¡Estáis todos invitados!

martes, 19 de noviembre de 2019

116ª ASALTO: QUERÍAMOS TANTO A ENRIQUE




QUERÍAMOS TANTO A ENRIQUE* 

Ya hace 20 años. Recuerdo que me enteré a través de internet. Entonces la vida todavía no se medía en megas y todo iba muy despacio, a 256k, como mucho, y las noticias aún no volaban en las redes sociales. Recuerdo abrir la página de El País digital a media mañana, en una pausa del trabajo, y encontrarme la noticia. Se ha muerto Enrique Urquijo, dije en voz alta. Y todo se quedó en silencio. Había aparecido en un portal de Malasaña. Imaginé sus ojos, esos ojos tan grandes, tan tristes, tan vivos. Creo que es la noticia que más me ha impresionado en la vida. Me gustaban Los secretos. Aún me gustan. Yo entonces llevaba poco tiempo en Madrid y para un recién llegado, Malasaña era un territorio mítico, como Macondo o Comala, el evocador nombre de un barrio que había descubierto en las páginas de Las edades de Lulú e Historias del Kronen y que ahora podía pisar, sentir, amar. Todavía quedaba en sus bares algún eco de aquella movida cuyo aliento apenas rozó el resto de España. Entraba en La vía láctea, el Penta, La Palma, en todos esos garitos que solo había oído nombrar en canciones, imaginario generacional, y solo pensaba: qué suerte tenéis los que habéis nacido en Madrid, cabrones. Para mí Madrid sobre todo era música. Me subía al metro y buscaba Tirso de molina, Sol, Gran Vía, Tribunal, en la línea azul, me agarraba fuerte a María en cualquier bar y me asomaba a la ventana buscando a la chica de ayer. Y por mucho que lo intentase, no podía pasar por delante de La puerta de Alcalá sin mirarla y entonar la canción. Aquella noche, sin embargo, la música se apagó de repente. Todos morimos con Enrique y aunque resucitásemos al día siguiente, y todo volviese a la normalidad, Madrid ya nunca volvió a sonar como antes.

*Enrique Urquijo falleció el 17 de noviembre de 1999, a la edad de 39 años. Esta semana se cumplen 20 años de tras triste perdida. Siempre nos quedará su música.

martes, 15 de octubre de 2019

115º ASALTO: NOS GUSTABAN LAS PERSONAS



NOS GUSTABAN LAS PERSONAS


Nos gustaba llamar por telefono ﷽﷽﷽﷽las personas, me gusta que al descolgar el telsted éfono y que nos respondiese una persona, en lugar de que un contestador automático nos pregunte la fecha de nuestro cumpleaños, como quien pregunta los ríos de España o las capitales de Europa. Nos gustaba ir al banco y sentirnos importantes, aunque después de los buenos días y veinte minutos esperando nadie nos hiciese caso. Nos gustaba hacer cola en el supermercado y enfadarnos, porque la fila de al lado siempre iba más deprisa que la nuestra y, cuando parábamos en una gasolinera, nos gustaba que alguien nos saludase y nos preguntase si queríamos súper o diesel, aunque a veces tuviese una mancha de grasa en la camisa y le hubiese abandonado el desodorante. Nos gustaba enterarnos del tiempo en los ascensores, pega fuerte el verano, parece que va a llover, a ver si llega ya el calor, y no tener que comprobar en el móvil la temperatura que iba a hacer al día siguiente. Nos gustaba que los camareros nos dijesen si queríamos la leche fría o caliente, aunque luego la pusiesen como les diese la gana. Nos gustaba que al abrirse la barrera de la autopista alguien, a quien no conocíamos, nos desease buen viaje. Nos gustaba comprar el billete de metro en la taquilla y que nos perdonasen 5 céntimos porque no tenían cambio. Nos gustaba que las dependientas de las tiendas de ropa nos dijesen que la camisa que nos acabábamos de comprar nos sentaba fenomenal, aunque fuese mentira, y no tener de elegir la talla y el color en una web para recibir 3 días después una encuesta de satisfacción por correo electrónico. Nos gustaba que el acomodador nos guiase hasta nuestra butaca del cine con su linterna, que los libreros nos recomendasen libros, que el tipo del videoclub nos preguntase si nos había gustado la película que acabábamos de devolver. Nos gustaba parar a la gente por la calle para que nos indicasen cómo se llega a tal o cual sitio, y no tener que buscarlo en el GPS. Nos gustaba mirarnos a la cara en lugar de a las pantallas. Por eso, a veces me pregunto si no nos estaremos convirtiendo en otra de esas estúpidas máquinas.      

domingo, 29 de septiembre de 2019

114º ASALTO: COCINA PARA MELANCÓLICOS


COCINA PARA MELANCÓLICOS  
Las cosas ya no se hacen como antes. Enseguida se rompen, caducan o nos aburrimos de ellas y las cambiamos por otras. Esta olla de acero inoxidable tendrá más de 30 años. Todavía la utilizo para cocinar. Me la llevé de casa de mis padres cuando me fui a estudiar fuera y me ha acompañado en todos los sitios en los que he vivido. Incluso me la llevé a Francia cuando estuve de Erasmus. Y aquí sigue. Casi 30 años después. Se conserva mejor que yo. No soy demasiado cocinillas, solo sé hacer cuatro cosas que aprendí de mi madre para sobrevivir en mi época de estudiante, pero me gusta cocinar. A veces, llamaba a mi madre para que me explicase cómo preparar unas judías verdes o unas lentejas. Recuerdo una vez que unos amigos habían ido a coger cangrejos y, como estaban en un colegio mayor, acabaron trayéndolos a nuestro piso. Tuve que llamar a mi madre para que me explicase cómo prepararlos porque no tenía ni idea. Entonces no podías buscar las recetas en internet. Salieron buenos los cangrejos, con su cebolla y su tomate. Cocinar es recordar. La cocina siempre te trae olores y sabores de los sitios en los que has estado, de las personas que has conocido. Una de mis platos favoritos son las patatas a la riojana. Cuando estuve de erasmus en Francia, a los franceses les hacíamos patatas a la riojana y tortilla de patata y una paella que nos inventamos sobre la marcha. Se chupaban los dedos. A cambio, nos enseñaron a hacer crépes y cous-cous. Hay 200.000 formas de hacer las patatas a riojana, tantas como riojanos en el mundo, imagino. Además del chorizo y las patatas, le puedes poner lo que quieras, guisantes, costilla, guindillas, caracoles, mi madre, siempre le ponía caracoles. Algunos te dirán que no, que entonces no son patatas a la riojana, a lo mejor tienen razón, pero la cocina también es libertad para seguir o para romper las normas. Yo las hago con chorizo, pimiento, zanahoria, o con lo que tenga por casa. De lo que no hay que olvidarse nunca es de cascar las patatas para que suelten el almidón y el caldo quede espeso. Eso me lo enseñó mi madre. Siempre que utilizo esta olla, me acuerdo de ella.