miércoles, 3 de julio de 2019

XII EDICIÓN DEL CONCURSO RELATOS EN CADENA: GRAN FINAL

El próximo lunes, 8 de julio, llega, un año más, y van 12, la gran final de RELATOS EN CADENA, el concurso de la SER y la Escuela de Escritores. Y aunque ya llevo 2 años sin participar le sigo teniendo mucho cariño al concurso. Este año además hay un montón de buenos amigos entre los 10 finalistas, por lo que tengo el corazón muy "repartido". Los 10 relatos que han llegado a la final entre los más de 25.000 enviados a lo largo de la temporada son...  



JUNIO
El piso de abajo, de Alberto Jesús Vargas Yáñez 
Ya tengo los pies fríos. A través del suelo puedo sentir ese paisaje helado que se instala en el piso de abajo cuando él llega. Soy capaz entonces de escuchar, como si huyeran el uno del otro, pasos que van y vienen cada cual por su lado. No se hablan. Ponen la televisión. Cierran una puerta. Abren algún grifo. Ni una palabra que evidencie que existe una convivencia entre ambos. Yo intento concentrarme en mis libros hasta que den las nueve. A esa hora, como todos los días, me llamarán para que baje a cenar en familia.

MAYO 
El mago, de Susana Revuelta Sagastizábal
Sí, soy su esposa. Fui la mujer bala en sus primeros shows, casi me quemo la lengua con queroseno al escupir fuego y tengo la tripa llena de cicatrices, de tanto ensayar lo de partirme en dos con el serrucho.
Una noche en un cabaret perdí una oreja cuando me lanzaba sables, pero yo, muy profesional, simulé que era parte de la actuación. El público aplaudió entusiasmado de lo hiperrealista que quedó, su fama se extendió y pudimos ¡por fin! contratar una ayudante.
En mi última función decidió hacerme desaparecer. Y aquí estoy, esperando que acabe el truco, que ya tengo los pies fríos.

ABRIL
Me quiere, de María Gil Sierra
El último día de vacaciones Alberto se acercó a mí y me entregó un sobre. No dije nada. Nunca sé qué decirle. Dejé a mis amigas y me fui sola camino del río. Lo abrí y saqué una hoja escrita a mano. Era una carta de amor, breve, con algunas faltas de ortografía. Pero no importaba. Era la carta del chico de mis sueños. Me tumbé sobre la hierba, cerré los ojos e imaginé que sus labios rozaban mi boca. Después guardé la carta. El sobre no. El sobre lo partí en pedacitos hasta que desapareció el nombre de mi hermana.

MARZO 
Las cosas de la vida, de Paloma Hidalgo Díez
Tengo pensado hacer varios peces de colores también, me explica mi hijo en cuanto entro en su cuarto, enseñándome los dibujos de dos estrellas de mar, tres caballitos y una medusa, para pegarlos en la ventana de su habitación, que sé que al abuelo le gustan mucho las cosas del mar. Y si me da tiempo antes de que te vayas a verle al hospital, añade sonriente, sin imaginarse lo que he venido a decirle, le dibujaré una caracola, igualita a la que nos encontramos mientras paseábamos juntos por la playa El último día de vacaciones.

FEBRERO 
Cumpleaños feliz, de Juan Antonio Morán Sanromán
Ninguno de los niños que había en el arcón era Tomás. En cinco años de “mago a domicilio” era la primera vez que me fallaba un truco. Debía ser el arcón nuevo que compré en el bazar, o la variación del conjuro “meigas de la noche, ninfas del día… devolvednos la alegría”… Estaba el rubio de la gorra blanca, la pecosa de las coletas, y los dos hermanos pequeños. Sin embargo en lugar del protagonista del cumpleaños —chillón, caprichoso y engreído— había aparecido una princesita de rasgos orientales que nos ofrecía golosinas con gesto sonriente. Pero los padres de Tomas insistían en recuperar al estúpido de su hijo.

ENERO
Perseidas, de Patricia Collazo
Ordenó sin pestañear que no pestañeara. —Eso es imposible, papá. Tarde o temprano, se nos cerrarán los ojos —dije mientras los abría mucho para seguirle el juego. Estábamos mirando las estrellas recostados en el prado de la casa del pueblo. Era verano. —Si los mantenemos abiertos, este momento durará para siempre —aseveró enigmático. Entonces no lo comprendí. Hoy, mirando su nombre en la lápida recién estrenada, quisiera poder pestañear y borrarlo. Pestañear para regresar a aquella noche de verano en que con su brazo bajo la cabeza, me quedé dormido hilvanando constelaciones.

DICIEMBRE
Delicatessen, de Nuria Rozas Álvarez
—Lo sé, soy un nostálgico —le susurró el príncipe a la princesa mientras le guiñaba un ojo.
Entretanto, ella miraba, con angustia, a los comensales de ambos lados de la mesa, y pedía al cielo que nadie hubiera visto a su marido atrapar a la fastidiosa mosquita con su lengua veloz.

NOVIEMBRE 
Corazoncito, de Elena Bethencourt Rodríguez
Era lo único que podíamos hacer por él, dadas las circunstancias. Sus padres se habían comprado un libro para enseñarle a dormir con un método infalible y llevaban noches dejándole llorar. Primero cinco minutos, luego diez y así hasta que aprendiera a dormir solo.
Una noche el niño sollozó y sollozó. Papá no vino, mamá tampoco. Lloró más y más fuerte. Finalmente, se hizo el silencio, pero solo porque yo mismo salí de debajo de la cama y me lo llevé con mi familia al inframundo. Para que luego digan que los monstruos somos nosotros.

OCTUBRE 
La otra dimensión, de María Antonia Ramos Prada
Comienzan a acumularse en la superficie del planeta: negros, blancos, a cuadros, de rayas, cortos, largos… Nadie sabe por qué desde hace varios años, con un ruido ensordecedor y repentino, a veces se abre un torbellino en el cielo, escupe un calcetín y, tan misteriosamente como apareció, se cierra.

SEPTIEMBRE 
Ecos, de Eva García Martín
¿Me oyes?… yes… yes… yes… Su amigo inglés es el único que está siempre dispuesto a escuchar esas cosas malas que le suceden en la escuela. Por eso cada tarde se las cuenta acercándose un poquito más al borde del barranco donde se esconde.


Solo uno se llevará el gran premio final: 6.000€. Que los dinosaurios repartan suerte.

martes, 7 de mayo de 2019

112º ASALTO: TIERRA DE HOMBRES (1º PREMIO ELACT "Lola Fernández Moreno")



TIERRA DE HOMBRES
Y pensar que hubo un tiempo en que hasta los Reyes más poderosos ansiaban que sus hijos fuesen hombres. De eso hace siglos. Nadie sabe qué produjo la alteración del ADN, pero en algún momento el cromosoma X desapareció de nuestra cadena y todos los bebés que traíamos al mundo eran varones.

Ninguno lloraba al nacer. Llegamos a temer por nuestra supervivencia, pero con el tiempo aprendimos a vivir sin mujeres. Ahora sabemos cocinar y limpiar. Saciamos nuestras necesidades más básicas entre nosotros y la naturaleza, siempre tan sabía, nos ha ayudado con el problema de la procreación. Con la primera luna de marzo, un año más, saldremos desnudos a masturbarnos al jardín y eyacularemos todos al unísono, dejando que nuestro semen empape la tierra. Luego esperaremos a que las lluvias ácidas de primavera y los rayos de neón hagan germinar los primeros fetos. A finales de diciembre, como cada año, cosecharemos entre cánticos a nuestros bebés, gordos, rollizos, tan sanos como si hubiesen surgido de sus vientres, con la esperanza de que, en algún lugar del planeta, florezca una niña y, esta vez, sepamos cuidarla.

Este texto recibió el Primer Premio en la VII edición del Certamen de Microrrelatos ELACT "Lola Fernández Moreno", de Cartagena, al que se presentaron casi 700 microrrelatos. 

jueves, 28 de marzo de 2019

Los pescadores de perlas: los microrrelatos de Quimera

La editorial Montesinos recoge, de la mano de Gines Cutillas, en "Los pescadores de perlas" los microrrelatos publicados en la Revista Quimera durante los últimos años. Muy feliz de formar parte de una antología repleta de grandes escritores y muy buenos amigos.   

Sobre el libro 
El siglo XXI ha instaurado definitivamente el microrrelato como el «cuarto género narrativo». Este título bien merecido se lo podemos agradecer tanto a los maestros que llevan décadas transitándolo como a las sucesivas hornadas de autores que han utilizado Internet como medio de encuentro con lectores activos y ávidos de emociones fuertes. En la presente antología se recogen los microrrelatos publicados en los últimos años en Los pescadores de perlas, la sección dedica da al género de QuimeraRevista de literatura. Nos encontramos ante una buena muestra de lo que se está haciendo actualmente en el ámbito hispanoamericano, compuesta por ochenta escritores de nueve países distintos: autores consagrados, pero también voces emergentes que intentan hacerse un hueco en el apasionante mundo del texto breve.
AUTORES: Raúl Brasca, Ana María Shua, Juan Gracia Armendáriz, Juan Armando Epple, Manuel Moyano, Isabel González, Jesús Esnaola, José María Merino, Javier Puche, Juan Jacinto Muñoz Rengel, Susana Camps Perarnau, Juan Pedro Aparicio, Ángel Olgoso, Manu Espada, Miguel Ángel Flores, Mar Horno, Lilian Elphick, Eugenio Mandrini, Ricardo Sumalavia, Patricia Nasello, Javier Perucho, Eduardo Berti, Juan Romagnoli, Carmen Camacho, Felipe Garrido, Manuel Moya, Lorena Escudero, Jordi Masó Rahola, Eduardo Gotthelf, Pedro Guillermo Jara, Andrés Neuman, Paloma Hidalgo Díez, Iván Teruel, Lola Rivas, Gemma Pellicer, Víctor Lorenzo Cinca, Felipe R. Navarro, Sergi G. Oset, Rubén Abella, Xavier Blanco, Pedro Ugarte, Valeria Correa Fiz, Dina Grijalva, Alberto Sánchez Argüello, Hugo Labravo, Ethel Krauze, Alberto Chimal, Marcial Fernández, Laura Elisa Vizcaíno, David Vivancos Allepuz, José Manuel Ortiz Soto, Kike Parra Veïnat, David Calvo Sanz, Elena Casero Viana, Ana Grandal, Ernesto Ortega Garrido, Ana Vidal Pérez de la Ossa, Leandro Hidalgo, Manuel Rebollar Barro, Luisa Valenzuela, Emilio Gavilanes, Angélica Santa Olaya, César Núñez, Nélida Cañas, Ricardo Alberto Bugarín, Alejandro Bentivoglio, Lorena Díaz Meza, Felipe Benítez Reyes, Paz Monserrat Revillo, Ildiko Nassr, Juan Yanes, Franco Chiaravalloti, Carmen Peire, Liany Vento García, Luis Pulido Ritter, Martín Gadella, Miguel A. Zapata, Isabel Cienfuegos, Pía Barros, Diego Muñoz Valenzuela.
Más información en la web de la editorial:

viernes, 8 de marzo de 2019

8 DE MARZO: DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA

La Toalla es femenino y feminista y hoy se declara en huelga, aunque la haga a la japonesa, publicando 5 microrrelatos.
AFRODITA, de Ana Grandal
Solo la ama un minuto al día. El resto del tiempo la desprecia.
Desprecia su boca caída, su pelo sin gracia, sus ojos siempre apagados, su piel mustia y desvaída, su figura encogida. Cada día, él espera hasta que el sol se pone; ese último rayo moribundo la ilumina con la luz justa, la luz perfecta, la luz que cincela sus rasgos y realza sus colores y la convierte en una diosa.

ENSAYOS, de Lola Sanabria
Repaso sus ropas, las plancho, las doblo, les introduzco caramelos en los bolsillos del pantalón. Coso el ojo del hipopótamo, los lunares a la mariquita. Les preparo macarrones, croquetas, albóndigas, pizza, hamburguesas. Lo guardo todo en tupers etiquetados dentro del frigorífico. Dejo pan con chocolate sobre la mesa de la cocina, para la merienda. La última vez llegué hasta la estación, hoy tal vez pueda coger ese tren.

COMPRENSIÓN, de Elena Casero
Anoche me morí en tus brazos. Lo hice sin pensar, por cariño, como lo he hecho todo por ti. Pusiste cara de susto, pero te duró poco tiempo. Después, cuando yo ya había cerrado los ojos y creías que no te podía ver, te relajaste y sonreíste feliz. Me abandonaste en el sofá, tal como me había muerto, algo desmadejada. Entonces te escuché hablar con ella. Tu voz sonaba con un timbre pulido, tan diferente del que usas conmigo, que parece hecho de productos abrasivos, de los que arañan el corazón. Te cambiaste de ropa, te perfumaste y saliste de la habitación sin darme siquiera un triste beso. Esta mañana, he decidido no volver a morirme nunca más.

LEYES, de Isabel González
La que muestre su pelo recibirá cien azotes. La que muestre su piel morirá. Ella se desnudó. Y se soltó la melena. Una melena tan espesa que solo fue condenada por la primera causa. Mejor, mucho mejor, desobedecer dos veces

SAMIA CORRE, de Ana Fuster
Samia corre. Desde siempre. Con hambre. Sin padre. Con una madre para seis hermanos. Sin zapatillas. Con el sol de Somalia desplomado en los hombros. Sin hiyab. Con miedo a los soldados. Sin querer oír las amenazas, los insultos. Con el dolor ya convertido en suela. Sin ambiciones. Con el tesón de atleta. Corre. Porque correr lo es todo. En Pekín 2008 Samia cruza la meta sola. La última. Las piernas de las mujeres de todo un continente son su oro. Pero la arrolla el sueño. Quiere más. Hay un mar que, dicen, separa la miseria y la gloria. Se hacina en la patera. La falacia de Europa devora su juventud entre olas. Indiferente, ni se molesta en eructar su cuerpo. Sobre el fondo, entre pecios de galeras y cayucos, Samia sigue corriendo. Porque correr lo es todo.

viernes, 22 de febrero de 2019

111º ASALTO: MUJER DE ROJO SOBRE FONDO OSCURO


MUJER DE ROJO SOBRE FONDO OSCURO

Hay dos cosas a las que Vanessa no acaba de acostumbrarse: a caminar con zapatos de tacón y a que los hombres la miren. Aunque ahora, cuando se acercan, ya no se sonroja como antes, cuando era una niña y el color le subía por todo el cuerpo hasta instalarse en sus mejillas. Vanessa, que en realidad se llama Patricia, pronuncia su nombre alargando las eses y se pasea por el Paradise con un minúsculo vestido rojo, manteniendo el equilibrio sobre unos tacones que la hacen parecer quince centímetros más alta. El club siempre está repleto de clientes que entran y salen, comparando minifaldas y escotes, preguntando a cuánto está el kilo de carne. Pero Vanesa no se avergüenza. Por muy mal que se le den las noches, siempre encuentra un brazo que la lleve al piso de arriba y, a final de mes, siempre saca más de lo que necesita. Así puede enviarles lo que le sobra. Lo único que teme es que, al subir a las habitaciones, se le rompa un tacón y se desplome por las escaleras. Sabe que entonces se pondría como un tomate y la vergüenza es algo que ya no puede permitirse. 

Propuesta para la primera convocaría de ENTC, basada en el color rojo.

jueves, 14 de febrero de 2019

110º ASALTO: ECHAR RAÍCES

Un relato de la Microenciclopedia para San Valentín. Enamorados, celebradlo con moderación. Feliz día. 

 


ECHAR RAÍCES
Como mi novio no quería que nos fuésemos a vivir juntos, decidí plantarlo. Lo hice cuando llegó la primavera, en la parte de atrás del jardín, para que le diese el sol de la tarde. Cada mañana lo riego y le pongo música en la radio. De vez en cuando le podo la barba y los pelillos que le asoman por la nariz. Ya ha echado raíces. Ayer, por fin, le brotaron las primeras flores.

Microenciclopedia ilustrada del amor y el desamor, Ernesto Ortega y Nacho Gallego, Talentura Libros.

lunes, 28 de enero de 2019

109º ASALTO: ¿CREES EN LA MAGIA?


¿Crees en la magia?

Apenas es la una de la tarde, pero a las afueras de Rovaniemi, entre bosques de abetos y lagos helados, ya está anocheciendo. Papá Noel aguarda en su cabaña de madera a que se ponga definitivamente el sol. Afuera el frío arrecia. Un manto de nieve cubre el jardín y los copos flotan en aire, como pompas de jabón. Es 24 de diciembre y le espera una noche llena de magia. Se ha puesto su traje de gala, el rojo, ese que le sienta tan bien y que a todo el mundo le encanta. Aunque este año ha vuelto a engordar y cada vez le está más ajustado. Antes de que los últimos rayos de sol desaparezcan, sale de la cabaña y se acerca hasta los renos para darles de comer. Tienen que estar fuertes. Sabe que la noche será larga y quiere que todo salga perfecto. De repente, cuando se dispone a subir al trineo, siente un retorcijón en las tripas. “No debería haber comido tanto”, piensa, mientras se lleva las manos al estómago y echa a correr hacia la letrina que se ha construido al lado de la cabaña. Pero antes de llegar, obligado por una serie de pinchazos que recorren todo su cuerpo, se detiene. Un hormigueo le paraliza los brazos y las piernas. 
En cuanto pase esta noche se pondrá a régimen, lo tiene decidido, pero ¿quién se imagina a un Papá Noel delgado? Quizás ya sea demasiado tarde. Lo siguiente que nota es un dolor agudo en el pecho, como si le estuviesen clavando un cuchillo en el corazón una y otra vez. De repente, se desploma sobre la nieve. Antes de desvanecerse un pensamiento atraviesa su mente: ¿Quién va a hacer mi trabajo ahora? Cómo se arrepiente de no haber vigilado más el colesterol. Los renos se acercan y lamen su cara, intentando despertarle, aunque ya no hay nada que puedan hacer. La temperatura desciende tres, cinco, diez grados. La noche se echa encima y la nieve comienza a cubrir su cuerpo, mientras, en la otra punta del mundo, a miles de kilómetros de distancia, el sol se mantiene en lo más alto del cielo y el tiempo es mucho más agradable. Allí, bajo las palmeras, los tres Reyes Magos ensillan sus camellos y abandonan el oasis. Deben darse prisa. Saben que tras unos años flojos, esta vez volverán a tener mucho trabajo. Entre un alborozo de risas levantan el campamento. En la arena, sobre las dunas, solo queda un muñeco de trapo vestido de rojo con tres agujas clavadas.

Relato finalista del XV Concurso de Relato Breve "¿Dónde está la Navidad?". Podéis leer el ganador y los finalistas en la web de  Culturamás.