¡BIENVENIDOS A ESTE RING!

Tomen asiento, señoras y señores. ¡Bienvenidos a este ring! Griten, animen, protesten, expresen, alienten, inciten, espoleen, vociferen, pinchen, empujen, abucheen, aclamen, comenten, reivindiquen, pateleen, piten, abronquen, reprochen, aplaudan... ¡Esto es pasión por la literatura!

lunes, 5 de julio de 2021

FINAL RELATOS EN CADENA. XIV EDICIÓN


Como todo buen mictorrelatista esta tarde estaré pendiente de la radio. A las 6, gran final de la XIV Edición del Concurso "Relatos en Cadena", organizado por Escuela de escritores y la SER. Dejo por aquí los 10 textos seleccionados este año. Mucha suerte a los 10 finalistas.
 


Experta, de Patricia Collazo (Septiembre)

Ese no es nuestro estilo de familia, masculla mi abuela cuando mamá dice que ya recogeremos la mesa mañana.Entonces mamá, bufando, friega los platos y después se sienta a ver la tele.Que cómo vamos a mirar esas series de tiros, protesta la abuela. Que los tiros, tiros traen y ya sabemos lo que pasa. Entonces mamá abandona resignada el sofá, se lava los dientes y se va a dormir sin escucharla sentenciar que, si te acuestas sin quitarte el maquillaje, amaneces momia.La abuela se adueña del sofá farfullando que en esta familia nunca le hacemos caso. Exactamente lo mismo que decía cuando estaba viva.

 

Menú del día, de Tomás del Rey Tirado (Octubre)

“No hay tiempo que perder, termínate ya la sopa”, dice papá, siempre con prisas, como todos los mayores. Pero yo todavía tengo que soplar para no quemarme, y le pregunto que si no hay tiempo cómo puede perderse.

En el segundo plato, les repito a mis hijos que el tiempo se nos va, y ellos me miran incrédulos, convencidos de que el aquí y el ahora son suyos.

El postre me lo da una muchacha muy simpática de la residencia. Le pregunto si mis nietos vendrán hoy, y ella me contesta sonriendo: “hay tiempo para todo”.

Yo le agradezco con otra sonrisa su mentira piadosa.

 

Morir de amor, Margarita del Brezo (Noviembre)

Le agradezco con otra sonrisa su mentira piadosa. Sé que está muy grave, aunque él trate de darme ánimos. Lo conozco muy bien, es el mismo doctor que le ha tratado las veces anteriores, el que me hace estremecer cada vez que me habla sin tapujos de su mal estado, de los fallos cardíacos, la falta de defensas, la respiración entrecortada. Y es que yo ya no puedo imaginarme a estas alturas de mi vida sin él, sin su bata blanca y su sonrisa irresistible, y con voz melosa le pido que haga todo lo posible por mantener con vida a mi marido un poco más.

 

Adolescencia, de Elena Bethencourt (Diciembre)

Estas humedades que me están matando no dejan de crecer. Gota a gota han inundado el suelo y suben por las paredes. A veces, de repente sales de tu cuarto y chapoteas por los charcos del salón como si fueras feliz. Yo me alegro de que sonrías otra vez. Quiero abrazarte, pero vuelve ese brillo a tus ojos y crece el nivel del agua. Me ahogo sin remedio en esta casa navegable, esperando que más pronto que tarde, dejes de llorar por él.

 

Caballo desbocado, de Domingo Jiménez Lacaci (Enero)

Cojo tu mano y salimos corriendo sin pagar y los gritos del dueño y las risas y el descampado y te beso por primera vez y nunca más volvemos al Instituto y los primeros porros y tu padre llamando al mío y nuestro primer pico en vena y el monedero de tu madre y el coche robado y la caja de la gasolinera y busca y captura y tu embarazo y tanta curva y tu hemorragia y la casa abandonada y con más dinero te traeré un médico y el joyero que llevaba una pistola y mi pulmón atravesado y dígale agente que la quise mucho.

 

Coartada, de Eva García Martín (Febrero)

Su marido era insufrible, siempre nos dejaba a los demás en ridículo. Apenas se podía creer que fuera tan perfecto: guapo, atlético, no bebía, no fumaba, atendía a los niños, cocinaba, hacía la limpieza y la compra, era un manitas, tenía un trabajo estupendo, preparaba unas barbacoas de morirse y amenizaba las reuniones cantando con su guitarra. Elisa era la envidia de nuestras mujeres y él un azote continuo a nuestra cada vez más amenazada masculinidad.

Por eso, aquella tarde que nos lo llevamos de pesca, tras empujarle al agua, estuvimos esperando que emergiera tan campante.

Cómo íbamos a imaginarnos que no sabía nadar.

 

Viajes interplanetarios, de Paola Tena (Marzo)

Sus deseos de comprarlo todo en Marte fueron la ruina de nuestra familia. Que allá una encuentra telas de mejor calidad, que si el pescado es más fresco y mira qué fabulosos ramos de flores. Pero al final ni flores, ni pescado ni telas. Cuando nació nuestro primer hijo, con su viscosa piel verde y ese par de ojos que casi le ocupaban la cara entera, por fin comprendí el porqué de su incontrolable afición por los viajecitos interplanetarios.

 

A quien no entiendo es a él, de María Nieto (Abril)

Te quiero, Pilar, te quiero… pero no puedo decírtelo, así que me trago mi declaración con un sorbo de cerveza mientras te escucho dolerte de que él no te quiera. Hablas de sus manos, y yo solo puedo mirar las tuyas deslizarse sobre el botellín frío. Elogias su voz, y yo tengo que contenerme para no derretirme con el tintineo de tu timbre cantarín. «¿Me estás escuchando, tía?». Doy otro trago a la cerveza para deshacer el nudo en mi garganta. «Claro, que le quieres. Si te entiendo» … y con el siguiente sorbo me trago el «si a quien no entiendo es a él».

 

Show time, de Rafael Loscertales (Mayo)

A las 22:00, se produjo la erupción. Mientras todos los animales huían despavoridos, las faldas del volcán se fueron llenando de curiosos, reporteros, vecinos que hablaban de lo tranquilo que parecía, jóvenes haciéndose selfis al borde del cráter, tertulianos, influencers, profetas y predicadores del fin del mundo, vendedores de magma y cenizas y alguien que pasaba por ahí. A las 22:15 el volcán se apagó y todos volvieron a sus casas defraudados. Solo el ruido de un tiroteo consiguió animarles de nuevo.

 

La sintaxis del amor,  Rafa Soro (Junio)

Si no, me habría vuelto loco. Esa era fácil. Subordinada condicional. Desde que Don Manuel se había enamorado, la pizarra se había convertido en el espejo de su corazón. Aquellas frases anodinas que analizábamos al comenzar el curso habían dado paso a las más variadas declaraciones amorosas. Lejos estaba él de sospechar que todos sabíamos de su romance con Doña Paulina, la profesora de 4ºC y, menos aún, que ella también daba rienda suelta a sus sentimientos en las lecciones de sintaxis. La oración que habían analizado hoy nuestros amigos del C prometía una semana entretenida. «Cariño, tenemos que hablar».

lunes, 8 de marzo de 2021

8 DE 8 PARA CELEBRAR EL 8

EN LA TOALLA DEL BOXEADOR PUBLICAMOS 8 (MICRORRELATOS) DE 8 (MUJERES) PARA CELEBRAR EL 8 (DE MARZO)



EL PRECIO, ROSA MARTÍNEZ

Ni era bruja ni cobraba por lo que tenía entre las piernas. Y, por mucha letra escarlata que se empeñasen en coserle al pecho, seguiría siendo como era. De esas que nacen libres, salvajes y que no hay hombre ni bestia que enjaularla pueda. Desde la hoguera los mira, su pena es honda: no por los hombres que le escupen y, a la vez, la desean, sino por ellas que, aun siendo mujeres, lo esconden.
 

Terciopelo azul, Towanda 

 
Si viera, madre, las mordeduras que me hicieron los zapatos… Tuvo usted tino cuando dijo que eran pequeños, pero me encapriché y no podía dejarlos allí. Qué bien sientan con el vestido azul, el ajustado de terciopelo, que me cosió cuando vino del pueblo. Hasta contorsionismo hago para subirme la cremallera. Cuando termino, tengo las mejillas tan sonrosadas que ni colorete me pongo. Apenas, un poco de rouge en los labios. Con discreción siempre. Como a usted le gusta.
 
Hace unos meses, al salir del hospital, me encontré con Pepita, la hija del Antón. Ahora se llama Carla y es rubia. Me ofreció trabajo, pero, tranquila, solo por las noches para  poder continuar  mis estudios de peluquera. Pagan bien, madre. Muy bien. Así que no necesito que vuelva a enviarme dinero. En cuanto ahorre un poco, lo dejo, corro a buscarla y me la traigo conmigo para montar  la peluquería. La extraño cada día. Tanto.
 
He dejado crecer mi pelo. Se va a alegrar cuando vea lo bonito y brillante que lo tengo.
 
Aunque se lo prometí, todavía sigo fumando. No se disguste. Me da seguridad para afrontar este cambio.
 
Sabe, madre, estoy feliz… Ayer me confundieron con una chica.
 

FIN DE LA PROPIEDAD COMUNTATIVA, ANA FUSTER

Era la fiesta de la espuma en la discoteca del puerto. Me tomé siete tequilas. Perdí una sandalia. Encontré un mocasín. Perdí la cabeza. Encontré un hombre. Quizá no en ese orden, pero no altera el producto. Cuando acabó la fiesta me fui a casa. Con un pie en un mocasín (ajeno) y el otro en una sandalia (mía). Con una mano (ajena) en la cintura (mía). Con una lengua (que no parecía mía) en la boca de un hombre (entonces ajeno).
 
Al día siguiente volví a la discoteca. Encontré la sandalia. Dejé el mocasín. No encontré la cabeza. No dejé al hombre. Hasta dos años después. Tras mil novecientas trece copas, ochocientas mentiras, cuatro pares de cuernos y veinticinco decepciones. Quizá no en ese orden, pero no altera el producto.
 
Ahora la discoteca es un salón recreativo. Hoy lo he recorrido entero. Me han preguntado si quería cambio. He dicho que ya tenía. Al salir me he sentado en un noray. El viento partía las olas contra el cantil. La espuma me ha salpicado la cabeza recién recuperada aún en equilibrio sobre los hombros. Voy a dejar de beber. Voy a estabilizarla. Voy a ser yo. En ese orden.
 

La isla, Elena Bethancourt

Mi marido aprovechó la cuarentena para quitar la antigua cocina y reformarla por completo. Cuando empezó el verano ya la tenía casi lista. Para culminar su obra, instaló una isla en el centro con una encimera negra de Silestone y puntitos brillantes color plata. «Lo que yo necesito después del confinamiento es un viaje, unas vacaciones en una isla, no un mueble», le grité. Él, ni caso. 
Con el paso de las semanas, los brillos de la encimera se volvieron intermitentes y, al mirarlos con más detenimiento, logré identificar las constelaciones. Desde ese día, ocupaba —incansable— las horas cortando verduras sobre el rígido cielo lleno de estrellas. Pasó una fugaz y le pedí un deseo. Bueno, dos. Quizás tres.
Por la mañana me desperté sola y una brisa me acarició la cara. Al pisar el suelo, creí sentir arena bajo mis pies. Seguí unas huellas que me llevaban por el largo pasillo a la cocina y me pareció ver en la cenefa la raya azul del horizonte. Me disponía a hacer un café bien cargado cuando las olas empezaron a romperse como encajes de espuma contra mi isla. Sonreí. Miré embelesada el vuelo de una gaviota. El agua me salpicó entera, al tiempo que un apuesto náufrago me hacía señas desde la orilla. Entonces, dejé el pijama y las dudas sobre la encimera y corrí hacia el mar.

 
El secuestro, Rakel Ugarriza

Cuando llama por primera vez, le prometo que haré todo lo posible y le pido un poco de paciencia, a fin de cuentas mi marido solo lleva desaparecido una semana.
 
Para ganar algo más de tiempo, durante la segunda llamada veintidós días más tarde, le digo que quiero una prueba de que en realidad lo tiene secuestrado a él. ¿Qué tal un dedo?, sugiero. El dedo anular, ese en el que lleva el anillo de casado, el mismo anillo que seguro que esconde en los encuentros con sus múltiples amantes. Incluso, si quiere, la mano entera estaría bien.
 
Dos meses después el secuestrador insiste con una llamada más. Le cuento que ya me he acostumbrado a vivir sin él y esta vez, antes de colgar, le grito que por favor no se le ocurra volver a molestar a la hora de la siesta.
 

Afrodita, Ana Grandal

Solo la ama un minuto al día. El resto del tiempo la desprecia.
 
Desprecia su boca caída, su pelo sin gracia, sus ojos siempre apagados, su piel mustia y desvaída, su figura encogida. Cada día, él espera hasta que el sol se pone; ese último rayo moribundo la ilumina con la luz justa, la luz perfecta, la luz que cincela sus rasgos y realza sus colores y la convierte en una diosa.
 

Los niños olvidados, Ana Vidal

Algunos días, algunas madres preparan la comida sólo para ellas. Olvidan que un hijo les espera a la salida del colegio. Y ellos se quedan allí desde que suena el timbre, sentados, muy quietos, en la puerta, junto al conserje. Esperan y les crece el pelo, nadie les corta las uñas; esperan mientras amanece y anochece y entran y salen niños del colegio que con los años son otros, que crecen, que van a la universidad. Esperan mientras sus jerséis trepan por sus brazos ya con pelo, sus pantalones se acortan, no abrochan, sus pies se arrugan dentro de los zapatos, que un día estallan y verás cómo se va a enfadar mamá. Y las madres a veces añoran, como en un sueño, a esos hijos que nunca fueron a recoger, que no saben que tuvieron. Que olvidaron.
 

La siembra, Susana Revuelta

Toca este año cultivo de maíz, pero como si fuese de patatas o remolacha: el pronóstico dice que no caerá una gota de agua, otra cosecha perdida. Pese a todo ahí sigue Desideria, removiendo la tierra, cavando zanjas, quitando caracoles, arrancando zarzas.
Budapest, ¡qué preciosidad! Vio una foto del puente en el escaparate de una agencia de viajes un jueves que bajaba al mercado con sus hortalizas. Incluso a Cáceres se hubiese ido ella de luna de miel. Pero su boda se hizo a toda prisa y luego fue la campaña de la fresa, la de la aceituna y entonces llegó Genaro. Sietemesino, repetía la abuela, pese a los cuatro kilos largos que arrojó la balanza. Uno tras otro fueron naciendo Chelo, Rosaura, Juanillo, Tomasa, Chiqui y Nandín. Y, a lo último, aquellos dos pingajos de piel transparente, que hasta se les veían las venas, y que se le escurrieron entre los muslos mientras tendía la colada. Los enterró bajo la tierra amarilla sin contarle a nadie nada.
Piensa en esto y en acordarse de zurcir unos calcetines mientras se mete en el bolsillo del mandil unos huesecillos que han salido de la tierra con la última palada.
 

lunes, 9 de noviembre de 2020

5 DELICIOSAS ANTOLOGÍAS DE MICRORRELATOS QUE NO DEBERÍAS PERDERTE

El microrrelato es a la literatura como la tapa a la gastronomía. Pero si hasta hace unos años la tapa era algo que te tomabas antes de comer para matar el hambre, ahora hay días que podrías comer solo de tapas. Eso sí, lo mismo te puedes encontrar con el típico plato de cacahuetes rancios que con las delicatessen más elaboradas y originales. Si quieres iniciarte en la lectura de microrrelatos, picar un poco de aquí y otro poco de allá y conocer diferentes autores, una buena opción son las antologías. Aquí te proponemos algunas que no te decepcionarán:

Por favor, sea breve (Páginas de Espuma2001): 

La antología clásica del microrrelato, con más de 150 textos de grandes escritores españoles y latinoamericanos, antologados por la escritora Clara Obligado a principios de siglo y editados por una de las grandes impulsoras del género en España, Páginas de Espuma. Microrrelatos con todo el sabor de siempre.


-Y si te quedas con hambre, puedes repetir. Su éxito fue tal, que hubo hasta una segunda parte. Por favor, sea breve II (2009). ¿Para cuándo una tercera?


Antología del microrrelato español (1906-2011): El cuarto género narrativo (Catedra, 2012):

 ¿Os acordáis de esos libros que nos mandaban en el cole y que tenían las tapas negras? Pues este sería uno de esos. O sea: un clásico de los de verdad. Perfecto para descubrir la evolución del microrrelato desde principios del siglo XX hasta nuestros días. De Juan Ramón Jiménez a Manu Espada. Con análisis de Irene Andres-Suárez. Auténtico Pata negra con sabor a tradición. 

Mar de  Pirañas: Nuevas voces del microrrelato español (Menos Cuarto. 2012):

La editorial Menoscuarto, que presta bastante atención al microrrelato, puso en marcha esta antología de la mano del crítico Fernando Valls. En sus páginas compartían protagonismo escritores consagrados y otros que acababan de empezar. Con sabor a fusión.

Deantologia: la logia del microrrelato (Talentura, 2013):

El microrrelato vivió un momento  de expansión gracias a los blogs, donde descubrimos auténticos escritorazos. Hoy la mayoría acumulan telarañas, pero la editorial Talentura, que durante un tiempo apostó fuerte por el género, quiso recogerlos para la posteridad. Manu Espada y Rosana Alonso fueron los antólogos. Sabores muy novedosos en su momento.

Los pescadores de Perlas: los microrrelatos de Quimera (Montesinos, 2019):

La última en publicarse recoge los microrrelatos de la sección Los pescadores de Perlas de la revista Quimera, que siempre le ha prestado una gran atención al género, antologados por Ginés Cutillas. Una buena muestra de lo que se está haciendo actualmente en el ámbito hispanoamericano. Casi 300 textos de más de ochenta escritores de nueve países distintos, editada por Montesinos. Tuvo en 2005 hubo una primera parte: Ciempiés. Los microrrelatos de Quimera. Sabores innovadores y experimentales.




martes, 3 de noviembre de 2020

UN PEQUEÑO HOMENAJE A TODAS LAS LIBRERÍAS: LAS LIBRERÍAS TAMBIÉN SON PARA EL VERANO

No sé si a vosotros también os ocurre, pero a mí, cuando paso por delante de una librería, empiezo a caminar algo más despacio. En cambio, el corazón se me acelera y los ojos se me escapan del cuerpo. Me suelo quedar pegado al escaparate un instante y estiro el cuello intentando vislumbrar el interior. ¿Cómo será por dentro?, me pregunto. A veces entro; otras, no me atrevo. Me da rabia salir sin comprar y uno no puede tener todos los libros que quiere. Pero a veces simplemente entro a curiosear y me pierdo entre sus estantes. Mis padres tenían una librería, en realidad era una librería-imprenta-papelería: Gráficas Ortega, en Calahorra. También los abuelos de Lola, mi pareja: Librería Denis, referencia cultural en la Málaga del siglo XX. Crecí detrás del mostrador. Sentado en el suelo, con un cuento en las rodillas. Don Mikis, Astérix, Mortadelos, Los tres investigadores, Los cinco, Agatha Christie…, luego llegaron otras lecturas y empecé a escribir. También hubo épocas en las que apenas leí, es verdad, pero los libros siempre han formado parte de mi vida. Solía llevármelos a casa y luego los devolvía. A veces, si se rompía una esquina, o le caía una mancha, o si me gustaban demasiado, me los quedaba. ¡Benditos tesoros! La pandemia se ha cebado con muchos negocios. Las librerías, sin duda, es uno de los sectores que peor lo está pasando. Antes de la pandemia, en plena recuperación económica, en España seguían cerrando más de 2 librerías al día. Pero también se abrían nuevas y algunas se reinventaban con cafés-librerías, presentaciones, salas de exposiciones… Puede que el comercio electrónico lo esté cambiando todo, pero creo que no podrán con ellas. Como ya sabéis en La toalla del Boxeador pusimos en marcha el Concurso de microrrelatos “Las librerías también son para el verano”, con el que queríamos rendir un pequeño homenaje a las librerías y a los libreros. Es un concurso hecho entre amigos, pero recibimos nada más y nada menos que 525€ en donativos para gastar en librerías que hemos repartido, de forma simbólica, en 6 premios y 7 librerías de toda España. Cada uno de los miembros del jurado, Manu EspadaArantzaNicolásJaviAlmu y Manuel Rebollar, ha elegido una librería,. intentamos que los ganadores del concurso pudiesen acudir directamente a elegir los libros en persona (sí, por internet no es lo mismo). Las librerías donde los ganadores podrán usar sus cheques son estas:

-Casa Tomada elegida por Javi Regalado, para Salvador Terceño, ganador de uno de los dos primeros premios, por Antología de ausencias. 



-Nexus 4, en Santander, especializada en comic, elegida por Manuel Rebollar, para Lucas Romano, ganador de uno de los primeros premios por Maestro de Escuela.


-El Cascanueces, en La Coruña, la librería elegida por Arantza Portabales, también para Lucas Romano.



-Cervantes y compañía, en Madrid, seleccionada por Manu Espada para Manuel Montesinos, 1er accésit por "Buen viaje".

--Ramón Llull, la favorita de Nicolás Jarque en Valencia, para Francesc Barberá, 3º accésit por "Ópera Prima".


--Rafael Alberti, la librería favorita de Almu Ballester, en Madrid, que la ha elegido para Alberto Jesús Vargas, 2º accésit por "Presencia".


-Y la Librería Palas, en Sevilla, elegida por mí, para Pablo Núñez, con su ayuda, 4º accésit, por Olor a papel y Chanel


Muchas gracias a sus libreros, por el entusiasmo con el que han acogido la idea y el cariño con el que nos han tratado.
Muchas gracias a todos los que aportasteis donativos a los premios.
Muchas gracias a todos los que participasteis en el concurso.
Muchas gracias al superjurado.

¡Y larga vida a todas las librerías!

domingo, 18 de octubre de 2020

MICRORRELATOS PREMIADOS EN EL CONCURSO "LAS LIBRERÍAS SON PARA EL VERANO"

Estos son finalmente los 6 microrrelatos seleccionados por el jurado del concurso "Las librerías también son para el verano". Los 2 ganadores recibirán un Cheque-librería de 140€ y los 4 accésit un Cheque librería por valor de 61.25€    

GRACIAS A TODOS LOS PARTICIPANTES, 
A LOS QUE HABÉIS APORTADO ALGÚN 
DONATIVO PARA LOS PREMIOS, 
A LOS 6 MIEMBROS DEL JURADO Y...
¡¡FELICIDADES A LOS GANADORES!!  

ANTOLOGÍA DE AUSENCIAS, DE SALVADOR TERCEÑO
La librería cerró tras los primeros bombardeos. Aunque un obús había hecho desaparecer el estanco y la mercería de doña Pura, su fachada solo mostraba ráfagas de disparos.
El viejo librero no aparecía y yo, con menos vocación pero más hambre, tras terminar la guerra, decidí arreglarla.
No había libros —habían sido destruidos—, pero aquello no me pareció un obstáculo insalvable. Desempolvé las estanterías vacías e identifiqué con cartelitos las diferentes secciones. Recoloqué el viejo letrero y, una mañana de verano, reabrí sus puertas.
El primer cliente tardó varias semanas en entrar. Preguntó por una antología poética.
—Pasillo dos, “Poesía en castellano”—, respondí.
El cliente estudió minuciosamente las baldas, rastreando aquella vacuidad con su índice. Pareció encontrar algo incorpóreo que extrajo, abrió y simuló hojear.
—Me lo llevo—, dijo.
Introdujo la mano en un bolsillo y, tras poner sus dedos desnudos sobre mi palma, salió tarareando.
Los clientes empezaron a frecuentarla con asiduidad. Tomaban libros inexistentes, se sentaban a leer, pasaban hojas teatralmente y terminaban pagando con un ademán. Comenzó a percibirse cierta ilusión.
Y yo, como cada noche, regresaba a mi piso, ponía un plato vacío sobre la mesa y, con lánguidas cucharadas, simulaba comer aire.

De Antología de ausencias el jurado ha dicho:
"Dice Joaquín sabina que no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió. Hay un atractivo irresistible en las historias que cuentan imposibles, esas que dibujan universos paralelos, en los que otra realidad es posible. Nos parece que este relato recoge a la perfección esa realidad inexistente, generando en el lector una sonrisa y un extraño regusto amargo por lo que puede llegar a ser y no fue. O todo lo contrario.


MAESTRO DE ESCUELA, DE LUCAS ROMANO

La única librería del pueblo no es mal lugar para estar encerrado, pensó. Don Cosme estaba sudando, porque incluso en verano vestía su raída levita de paño negro. Con los dedos aún llenos de tiza lió un cigarro de picadura y ojeó las estanterías repletas. Era un profesor de ideas modernas, más amante de la letra que de la sangre y poco inclinado a reglazos y pescozones. La educación es la mejor barricada, solía decir. Acarició los venerables episodios nacionales, encontró un libro del poeta y recitó de memoria sus versos favoritos:
"Tristes guerras
si no es amor la empresa.
tristes, tristes."
Cuando oyó girar la cerradura de la maciza puerta de roble, devolvió el libro a su sitio con ternura de amante. Unos soldados de aspecto sucio le subieron a la parte de atrás de un camión con la eficacia de las cosas muchas veces repetidas. Antes de doblar la última curva miro el campanario, los olivos y la escuela que, 50 años después, llevaría su nombre.

De Maestro de escuela, el jurado ha dicho:
"La guerra y la nostalgia suelen ser buenos aliados para tejer un buen relato. La primera escena apela a la nostalgia, a ese profesor, Don Cosme, que todos tuvimos o habríamos querido tener, encerrado sin que aún sepamos por qué, en un cuadro perfectamente dibujado, donde podemos ver hasta lo que no se cuenta. De él sabemos lo justo para quererlo. La cita de Miguel Hernández nos da una pista y nos introduce en la segunda escena: la guerra. Ya sabemos de quién se esconde, y ya sabemos lo que va a pasar. El final es solo un estupendo modo de redondear el relato y traerlo al presente. Es conmovedor, es extraordinariamente visual, y se desliza con suavidad desde el principio hasta el final. Poco más se le puede pedir.


¡BUEN VIAJE!, DE MANUEL MONTESINOS

Dejó la nota en un estante de la librería, junto al reloj y la cartera. Subió a la terraza. Se desnudó con calma. La ropa doblada con mimo, bien ordenada junto a la silla que usaría para subirse al muro. Un vuelo rápido, picado y sin escalas. Le hubiera gustado estar frente a un espejo, no para ver su cuerpo envejecido, sino, más que nada, por despedirse de alguien. Hacía mucho tiempo que no se le ocurría mirarse, pero podía imaginar, sin demasiado esfuerzo, los pellejos que colgaban de sus costillas porque, desde que ella murió el verano pasado, casi no comía nada. Bien pensado, esto podía ser una ventaja para su vuelo. Si cogía una potente masa de aire caliente podría ascender con facilidad y quién sabe dónde le llevaría el viento antes de reventar su cabeza sobre el asfalto. Sin más demora, un pie en la silla, otro en el borde y un dejarse caer. En su torpe y acrobático descenso, la imagen de ella y la de su padre lanzándolo al aire y recogiendo en el vacío su pequeño cuerpo de crío.

De "Buen viaje" el jurado dice: "Este relato es el prospecto de un medicamento contra todo un catálogo de enfermedades crónicas para las que no hay cura. El dolor de la pérdida, la soledad de la vejez, la dolencia de la nostalgia, la melancolía de la paternidad, la muerte de un amor y la añoranza de la infancia, esa patria única a la que nunca nos importa volver. Aunque sea desde la regresión de la caída, de un salto al vacío desde una terraza. Este medicamento está contraindicado contra el tabú del suicidio como eutanasia contra el dolor del alma".

PRESENCIA, DE ALBERTO JESÚS VARGAS

Teniendo aún muy pocos años, cada vez que un mal sueño me despertaba, descubría junto a mi cama a un hombre vestido de gris que me miraba fijamente. Aterrado por su aspecto siniestro y su intención opaca, gritaba y mis padres acudían a calmarme, sin ser capaces de verle. Después de repetirse varias noches el mismo incidente, opté por esconderme bajo el embozo cada vez que aparecía e imaginar historias fantásticas que me ayudaban a huir hasta quedarme dormido.
Pasaron los años y aquel tipo siguió presentándose en la oscuridad de mis madrugadas. Yo acabé acostumbrándome a su presencia mientras soñaba con ser escritor y contar las aventuras que para evadirme inventaba. Puse empeño en ello y envié manuscritos a cuantas editoriales pude. Nadie quiso editar mis textos ni jamás alcancé a ganar el más insignificante premio literario.
Aquel verano en que, resignado, decidí prepararme las oposiciones para el Ayuntamiento, descubrí por fin quien era él. Lo vi reflejado en el escaparate de la librería, una de tantas a las que nunca llegarían mis libros, en la que compré el temario. Lo reconocí en mi imagen de hombre cargado de sueños quemados. En el vivo retrato del fracaso.

De Presencia, el jurado opina que es un microrrelato inteligente y certero, a pesar de su aparente ligereza, que combina extraordinariamente la realidad (triste en este caso) y la fantasía, y que plasma, con muy pocos detalles, una crítica a la sociedad en la que vivimos, con esa renuncia a los sueños que se persiguen en pos de una gris existencia para sobrevivir. El protagonista podríamos ser cualquiera de nosotros".

ÓPERA PRIMA, DE FRANCESC BARBERÁ

El verano pasado, organizando las carpetas de mi ordenador, encontré un extraño documento de texto. Se trataba de una novela de 300 páginas. Lo más perturbador era que el autor se llamaba igual que yo. Poco después, recibí un e-mail de «Sonámbulos Editores». Me decían, para mi asombro, que habían aceptado mi manuscrito. Además, me pedían que no respondiera al email mientras estuviera despierto. En un primer momento no entendí nada, pero poco a poco fui atando cabos. Semanas más tarde, volví a recibir otro correo. Me contaban que habían hablado con Luci, la única librera sonámbula de la ciudad, y que la presentación sería en su librería, el jueves 25 a las tres de la madrugada. Un acto que, por supuesto, estaba dirigido exclusivamente a personas sonámbulas. Ha pasado un mes desde entonces y acabo de recibir noticias de mis editores. La presentación ha sido un éxito. Y la primera edición se ha agotado. Eso sí, nadie recuerda haber leído mi novela.

De Ópera prima, el jurado ha dicho: "Una trama muy bien armada, que cuenta una historia redonda y con un final de los mejores de esta edición. Además, destacamos ese puntito de ironía fina sobre el mundo de la escritura: un mundo de sonámbulos que hacen presentaciones a las que van otros sonámbulos, cuyos libros al final nadie recuerda. Nos parece amargamente simpático y le damos un olé general. Si el autor no pretendía esa lectura, nosotros se la hemos hecho y nos hemos quedado tan a gusto 




OLOR A PAPEL Y CHANEL, DE PABLO NÚÑEZ
Paco se sienta en pijama a escuchar los trocitos de historias que recorren los pasillos. Las visitas suelen apedrear con sus voces los letreros que piden silencio en el sanatorio. Unas traen bombones y mastican palabras de falso cariño a la vez que, sin parar de señalar sus relojes, se van enseguida. Otras aburren con su hablar monótono, mientras hacen punto o leen entre murmullos los sucesos del periódico. A Paco lo visitaba mucha gente cuando enfermó, pero, como ni mejoraba ni empeoraba, en pocos meses se quedó solo. Los médicos dijeron a sus familiares que las cosas de la cabeza eran así de caprichosas y, si algo cambiaba, los avisarían. Paco es feliz desde entonces analizando chismorreos, aunque hay momentos en los que tiene lagunas y se queda muy quieto, mirando al techo. Dicen que ha olvidado toda su vida, pero recuerda sus encuentros en la librería de un pueblo costero cada verano, el chasquido del pestillo al echar la llave, el letrero de cerrado, la falsa puerta escondida en la estantería de las novelas policiacas, las luces apagadas, el aroma a deseo y el cuerpo de Sara cuando la lucidez hace que pierda el hilo de las conversaciones.

Del relato el jurado ha dicho: "Solemos asociar microrrelato con historia con final sorprendente e inesperado, olvidando que las palabras son las encargadas de vestir los relatos y que ellas son las que convierten el lenguaje en literatura. Nunca es el qué, siempre es el cómo. Este micro está impregnado de buena literatura, todos los sentidos activados para buscar la evocación de Paco, ese llamar a sus espíritus para que le den sentido a una realidad poblada, en su silencio, de ruido y de la que escapa a través del aroma a recuerdo de sus encuentros furtivos con Sara. Porque al final la literatura se reduce a eso, chispazos emotivos que nos llevan a compartir la memoria de los personajes".



FALLO DEL CONCURSO "LAS LIBRERÍAS TAMBIÉN SON PARA EL VERANO"

 

 


FALLO CONCURSO DE MICRORRELATOS

“LAS TAMBIÉN LIBRERÍAS SON PARA EL VERANO”


El jurado del Concurso de Microrrelatos “Las librerías también son para el verano”, organizado por La toalla del boxeador, compuesto por Arantza Portabales, Manu Espada, Manuel Rebollar, Almudena Ballester, Nicolás Jarque y Javier Regalado, actuando Ernesto Ortega, responsable de La toalla del boxeador, como secretario sin voto, acuerda conceder los siguientes premios, entre los 91 relatos presentados:

 

Cuarto accésit, con 5 puntos y premiado con 61.25 € en cheques librería, para el relato Nº33  Olor a papel y Chanel, presentado bajo el seudónimo de Melmoth, cuyo autor es Pablo Núñez, de Sevilla

 

Tercer accésit, con 7 puntos y premiado con 61.25 € en cheques librería, para el relato Nº 90, titulado Ópera Prima y presentado bajo el seudónimo de El hermano daltónico, cuyo autor es Francesc Barberá, de Bennissa (Alicante)

 

Con 8 puntos, segundo accésit y premiado con 61.25 € en cheques librería, para el relato nº 55 Presencia, presentado bajo el seudónimo de Kálido Scopio, que pertenece  a Alberto Jesús Vargas, de Madrid.

 

Con 9 puntos, primer accésit y premiado con 61.25 € en cheques librería, para el relato nº 19 Buen Viaje, presentado bajo el seudónimo Biscuter que pertenece a Manuel Montesinos, de San Agustín de Guadalix (Madrid).

 

Con 15 puntos, segundo ganador, premiado con 140€ en cheques librería, el relato   nº 63 Maestro de Escuela, presentado bajo el seudónimo de Florentino Ariza que pertenece a Lucas Romano, con residencia en Valdaliga (Cantabria).

 

Con 17 puntos, primer ganador, premiado con 140€ en cheques librería, el relato  nº 38 Antología de ausencias, presentado bajo el seudónimo de Eloy Salvatierra, que pertenece a Salvador Terceño, de Sevilla.

 

Los donativos recibidos han sido finalmente 525€, que repartimos en cuatro accésit de 61.25€ y dos primeros premios de 140€ en cheques librería.    

 

Todos los relatos seleccionados se encuentran publicados en el Facebook de La toalla del boxeador.

https://www.facebook.com/latoalladelboxeador/

 

Espero que los disfrutéis y que os gusten. Felicidades a los ganadores y muchas gracias a todos por participar.


miércoles, 7 de octubre de 2020

124º ASALTO: REFLEXIONES SOBRE EL OFICIO DE ESCRITOR

 


REFLEXIONES SOBRE EL OFICIO DE ESCRITOR

(al hilo de una conversación reciente con un amigo
que se empeña en llamarme escritor cada vez que me ve)

Me sigue produciendo pudor que me llamen escritor. También la frivolidad con la que muchas veces utilizamos esa palabra. Escritor, como si cualquiera pudiese serlo. Dice la RAE que escritor es el que escribe, pero de la misma forma que nunca me he considerado futbolista, porque los fines de semana fuese a jugar al fútbol con mis amigos, por muy en serio que me lo tomase, o no me creo cocinero por muy bien que me salgan las patatas a la riojana, me cuesta considerarme escritor por mucho tiempo que dedique a la escritura. Para mí, escritor realmente es el que vive de escribir, aunque conseguirlo en la actualidad pueda parecernos una misión imposible o una quimera.
Eso sí, luego se puede ser buen o mal escritor, como se puede ser buen o mal fontanero, o buen o mal futbolista, porque nadie duda de la calidad de Messi aunque tenga un partido malo o una temporada poco brillante, pero ¿qué me decís de Dembelé o de Bale?, por poner algunos ejemplos. ¿Son realmente buenos o no son más que dos paquetes? Hablar de calidad en la escritura no deja de ser algo subjetivo. ¿Quiénes somos nosotros para decidir si un escritor es bueno o malo? Sin embargo, quizás todo sea mucho más sencillo, quizás ser escritor sea simplemente saber que en un par de minutos vas a dejar todo lo que estás haciendo porque se te ha ocurrido una historia y tienes que escribirla; o ir en el metro y no poder apartar la vista de las manos huesudas de la señora de enfrente y pasarte todo el viaje inventándote su biografía; o hacer oídos sordos cuando te llaman a comer una y otra vez porque necesitas seguir escribiendo, aunque luego tengas que recalentarte la carne y comer tú solo; o levantarte en mitad de la noche a escribir este texto, porque lleva un rato rondándote la cabeza y sabes que hasta que no lo hagas no vas a poder conciliar el sueño. Quizás escritor sea simplemente el que siente la necesidad de escribir.