jueves, 28 de abril de 2011

VIEJAS GLORIAS: LA ESTATUA DE LA PLAZA DE MAYO

 Apareció un día cualquiera de primavera en la Plaza de Mayo, subido en un pequeño pedestal. Iba vestido de época y se había pintado de gris desde el sombrero a las botas. Permanecía inmóvil con la mano en el cinto, dispuesto a sacar la espada ante cualquier afrenta, y sólo cambiaba de posición al ritmo de las monedas que dejaban en el suelo los turistas, los niños y algunos curiosos. Bastaba un ligero "clin" para que desenvainase y se batiese, con gran destreza y agilidad, contra un enemigo imaginario. Después, volvía a envainar la espada, fijaba la mirada en un lugar de la plaza y se quedaba quieto. Cuando se declaró la crisis y faltaron las monedas, no se bajó de su pedestal. Desde entonces las palomas se apoyan en él y un empleado del ayuntamiento viene, cada tres o cuatro días, a pasarle un trapo y sacarle brillo.


Este relato consiguió el Primer Premio en el III Certamen de Microrrelatos de la Fería del Libro de Granada. Lo escribí en 2004, en pleno corralito, y parece que sigue de completa actualidad.

6 comentarios:

  1. Desgraciadamente sigue de plena actualidad. Y aunque fuera agua pasada, sería agua cristalina. Me gustó el final con el empleado y el trapo.

    Abrazos, muchos, que no cuestan nada.

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  2. Muy bueno, Ernesto. Con tu permiso, voy a recomendarlo en Facebook y en Twitter. Creo que este micro debe leerse.
    Abrazos admirados,
    PABLO GONZ

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  3. Pues sí, Lola, está plena actualidad, esperemos que se pase de moda pronto.
    Pablo, yo encantado. Me alegro de que te haya gustado.

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  4. Como todo buen cuento, tiene su ápice de crueldad.

    Saludos.

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  5. Y enhorabuena por la "Herencia" recibida.

    Saludos.

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