domingo, 27 de marzo de 2011

8º ASALTO: JUSTICIA DIVINA

De pequeño se pasaba las tardes jugando a consagrar las galletas y a bendecir las latas de sardinas que le ponían para merendar. Empezó de monaguillo, llevando la bandeja de las limosnas en la parroquia de San Andrés y, tras pasar por los jesuitas, fue investido sacerdote. En el confesionario se mostraba duro en los interrogatorios: ¿cuántos actos impuros ha cometido usted esta semana?, ¿siente envidia del coche de su vecino? Y aplicaba penitencias sin piedad. Cansado de escuchar una y otra vez los mismos pecados a sus feligreses y esperar el juicio final, decidió cambiar la sotana por la toga. Ahora, en lugar de avemarías y padrenuestros, impone cuantiosas fianzas y años de prisión. Ayer, cuando llegó al tribunal protegido por un paraguas, llovía con tal fuerza que le pareció que había llegado el diluvio universal. Cada día se siente más cerca de Dios.

Con este texto participé en el III Concurso de Microrrelatos sobre Abogados, del mes de febrero. Debía cumplir 3 leyes: tratarse de una historia de abogados, no superar las 150 palabras e incluir los términos: Interrogatorio, Tribunal, Sardina, Paraguas y Monaguillo (cada mes sugieren 5 palabras diferentes), lo cual resultó bastante complicado. Como ha sido  seleccionado entre los finalistas del mes, lo condeno a ser publicado en la toalladelboxeador.

5 comentarios:

  1. muy bueno. bendecir latas de sardinas, ¡q grande!

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  2. Me gustó en cuanto lo leí en la página de los abogados. Me sigue gustando, y más, después de releerlo aquí. A ver si te lo publican en el librito.

    Besos tres y un golpe de abrazo.

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  3. De nuevo un buen texto, Ernesto. Si no triunfa, se puede rehacer con menos exigencias.
    Abrazos,
    P

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  4. ¡Hombre! Doctor Escabeche, qué alegría verle a usted por aquí. Usted, de pequeño, era más de jugar a los médicos, ¿no?

    Lola, me alegro que me guste. Es bastante complicadito lo de las palabritas dichosas. No sabía que sacaban libro al final. A ver si hay suerte.

    No triunfó, Pablo, pero el resultado no me disgustó.

    Gracias por la visita.

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  5. ¡Qué bueno Ernesto! Me ha gustado mucho, ¡pos Dios! Enhorabuena, padre.

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